Los dos señores con bombín, Mr. Montag y Mr. Allman, pasaban una acalorada tarde de agosto en una acalorada y reñida discusión que tenía en vilo y al pie de la exasperación a todo el café.
Mr. Montag, hombre de moral intachable y de rectitud envidiada en cada rincón del país, defendía estos valores a ultranza y hablaba de las bondades y maravillas del ángulo perfecto, del símbolo y del hecho. Algo que Mr. Allman no podía asumir, de ninguna forma. Mr. Allman era un amante casi literal de la curva, a la que llamaba madre de todos los cambios y motor del dinamismo. Mr. Montag de estas cosas prefería no saber casi nada. Es más, le alteraban mucho, siendo un hombre tan dogmático, tan convencido de sus argumentos, tan propio.
La discusión ascendía gradualmente hasta amenazar con echar abajo todas las líneas maestras del café, pero nadie quería irse y perderse la batalla entre dos académicos de altura y decanato.
Mr. Montag, muy irritado, arrancó una línea recta del borde de su libro (un Ulises de dentro de treinta años, perfectamente conservado) e intentó clavarla en un hombro de Mr. Allman, que reaccionó, como buen arquero británico, utilizando la curva de la mesita como improvisada cuerda para contraatacar lanzando un vaso. Mr. Montag saltó de su asiento hacia una de las esquinas del café; el vaso se rompió contra la pared, y él sacó un ángulo recto que arrojó contra el interlocutor como un boomerang. Fue Mr. Allman quien tuvo que tirarse al suelo entonces, a su edad, y buscó a tientas las líneas de las redondeadas puntas de los zapatos de un cliente asustado. Las usó como distracción arrojadiza, porque lo que él quería en realidad era la circunferencia perfecta de una mesa, que al tirar encima de Mr. Montag obligó al adversario a caminar en círculos como un bucle.
Esa discusión lleva las trazas de no terminarse nunca. Si fueran hombre y mujer el asunto estaría resuelto en un santiamén, pero siendo dos hombres...
ResponderEliminarBueno, ¡qué digo, si es que no se sabe..., porque podría ser que siendo dos hombres acabasen uniendo círculos y ángulos (rectos o un poco curvos, dependiendo de las ganas y de la edad...) y tema solucionado.
Huy, que igual me he salido un poco del tema...
Pum, pum, pum! disparos a los tres, jeje (balas con rectas y curvas a la vez)
¡Biquiños!
No quiero saber que pasará cuando descubran la línea discontinua...
ResponderEliminarEs genial.
Muás.
Mucha cháchara por allí.
ResponderEliminar(¯`•.•´¯) (¯`•.•´¯)
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El Sr. Lunes contra todos los hombres. La rutina contra todos. La rectitud, esa rectitud con olor a armario adornado de nafatalina contra la innovación. Eso he visto. Aparte de la exquisita forma de usar líneas y curvas por.....me arriesgo: Humberto.
ResponderEliminarPor fin he entendido lo de personajes circulares y lineales. Divertida historia.
ResponderEliminarMuy ingenioso señores escritores, pero no me queda claro si la discusiòn era en dos o tres dimensiones. Supongo que dos, no??
ResponderEliminarUn abrazo por tres.
Lalo
Una discusión muy tonta. No'
ResponderEliminarMuy bueno como siempre.
Saludos desde el aire
jajaja no hay que ser excluyentes, la recta y las curvas pueden complementarse perfectamente
ResponderEliminarSaludillos
No arriesgo nada, el rulo, perdón, el bucle me queda dando vueltas como un rizo en el cerebro. Yo me entiendo, es un bucle recurrente que me llama la atención. Creo que es una discusión en dos dimensiones, del norte y del sur. (Además de entre dos académicos de altura).
ResponderEliminarMe gustó mucho, ingenioso y bien pensado, y me quedo con las curvas siempre, lástima que Mr. Allman no supo aprovechar el triunfo, una torpeza. Gracias por la sonrisa!!!
Me gustó está escrito con mucha picardía y humor. Rectas y curvas, sean amigas!!
ResponderEliminarSabri..
Me parecen estos tipos egocentristas y obstinados, quieren tener la razon no importando lo que suceda, exelente relato, gracias por compartirlo, su amigo SL
ResponderEliminarGran relato!Desde luego no le falta originalidad
ResponderEliminarUn saludo!